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El Bronco rompe paradigma de participación electoral


Jaime Rodríguez Calderón, conocido como El Bronco, acaba de romper el paradigma de la participación electoral en México al ser aceptado por la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León (CEENL) como candidato a gobernador independiente sin que para ello tenga que competir bajo el paraguas de un partido político.

Su caso es el primero en América Latina y quizás en el mundo entero, pues no se conoce a la fecha de alguien que dentro de la llamada democracia electoral haya competido por un cargo de elección popular sin agrupación política que lo postule.

“México necesita de los ciudadanos y ya no necesita de los políticos ni de los partidos políticos”, declaró El Bronco el pasado 2 de marzo tras ser notificado de su inscripción por parte de las autoridades electorales. Y es la ciudadanía le respondió con creces cuando en las redes sociales hizo el llamado para reunir 103 mil que la ley le exigía para sus propósitos. Nada menos que 265 mil firmas lo respaldaron, lo que puso al descubierto también que poco a poco las redes sociales se están convirtiendo en una herramienta útil para el ejercicio de los derechos civiles y no sólo para publicar frivolidades. “Ahí está el detalle”, diría Cantinflas, y quizás agregaría “por un lado es mucho, pero por otro es poco”, tomado en cuenta que hace falta una mayor participación ciudadana para construir mejores sociedades.

El ahora candidato, que espera el apoyo de más de un millón de ciudadanos de Nuevo León en las elecciones del 7 de junio próximo, fue militante durante más de tres décadas en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la organización política más añeja del Continente, que recuperó la Presidencia de México con Enrique Peña Nieto tras una breve alternancia en el poder con el Partido de Acción Nacional (PAN).

¿Hacia un nuevo modelo?

Luego de que Rodríguez Calderón lograra ser inscrito como candidato independiente para disputar la gobernación del estado de Nuevo León, México, las posibilidades se abren para la ciudadanía que en los últimos años ha mostrado estar desencantada con los partidos políticos, lo cual ha quedado demostrado en los altos índices de ausentismo o abstencionismo en las urnas en varios países de América Latina, con la excepción acaso de algunos países de América del Sur donde la cultura del voto está fuertemente arraigada.

“En Perú o Argentina, no obstante la obligatoriedad del sufragio, el abstencionismo electoral ha llegado en las presidenciales de 1995 al 27% y al 21% respectivamente (si bien en las de Argentina de 1999 ha disminuido hasta el 19,5%) y en Costa Rica y Uruguay al 18,9% en las elecciones presidenciales de 1994 sobrepasando con creces las cifras de otros países en los que el voto es también obligatorio como Chile (9,5% y 9%, respectivamente en las presidenciales y legislativas de 1993), aunque muy lejos del porcentaje alarmante de El Salvador (53,8% en las presidenciales de 1994) o Guatemala (67,1% en las presidenciales de 1995 aunque reducido al 46,6% en las de 1999)”, revela un estudio del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), con sede en Costa Rica.

El desencanto ciudadano hacia la clase política o hacia los partidos políticos tiene que ver con varios factores. Sin embargo, el estudio del IIDH refiere la existencia de un abstencionismo político o racional que se manifiesta en la “actitud consciente de silencio o pasividad individual en el acto electoral que es la expresión de una determinada voluntad política de rechazo del sistema político o de la convocatoria electoral en concreto (abstencionismo de rechazo) o bien de no identificación con ninguno de los líderes o los programas políticos en competencia electoral, convirtiéndose la abstención que podríamos denominar activa en un acto de desobediencia cívica o en la concreción de su insatisfacción política”.

Un paso al frente

Motivado acaso por la audacia de El Bronco, Carlos Rafael Cerezo Blandón, hijo del expresidente Marco Vinicio Cerezo Arévalo (1986-1991), ha dado un paso al frente en Guatemala en busca de establecer si se puede o no optar a un cargo de elección popular sin ser postulado por un partido político o un comité cívico.

Cerezo Blandón se apersonó hace dos semanas ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para que los magistrados del máximo organismo en material lectoral despejen la duda de si una candidatura ciudadana independiente es viable en este país donde los partidos políticos se manejan como empresas comerciales y los dirigentes políticos le han quedado a deber a los votantes que cada cuatro años llegan a las urnas creyendo que “ahora sí” le darán el voto a un presidenciable que “valga la pena”.

 

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