Perro Bravo

PORTILLO Y LA BATALLA CONTRA EL EGO


El retorno a un país sin memoria

Desde las primeras horas del miércoles 25 de febrero, el tema de conversación era el retorno al país del expresidente Alfonso Portillo Cabrera. El Día de la Dignificación de las Víctimas del Conflicto Armado Interno, que se conmemora en esa fecha, ni siquiera fue noticia de segundo plano. Quedó en el olvido, como es normal en un país donde se olvida todo con una facilidad aniquiladora.

 

Por la tarde, las calles y avenidas aledañas al aeropuerto internacional La Aurora acusaban un tráfico vehicular como el de los días de la Semana Santa o los de los clásicos de fútbol entre Cremas y Rojos. Con el ocaso, los contingentes de personas comenzaron a poblar el área del aeropuerto por donde egresan los viajeros. La mayoría de asistentes eran parte del Frente Nacional Portillista y de la Unidad de Acción Sindical y Popular (Uasp), cuyo dirigente, Nery Barrios, se encargó de mantener la calma con un discurso que era interrumpido a ratos como para tomar respiro.

 

Cuando los relojes marcaban las 20.00 horas, los truenos de una hilera de cohetillos anunciaron el aterrizaje del avión y a partir de ese momento la ansiedad hizo presa de la gente. Consignas como “Viva Portillo” y “Bienvenido el presidente de los pobres” eran parte de un ambiente en el que no faltó la venta de postales, sombreros, banderines y vinchas con la fotografía del exmandatario que fue condenado a prisión en Estados Unidos por aceptar sobornos del Gobierno de Taiwán.

 

A los periodistas, Portillo reveló un anhelo de filiación budista: Luchar contra el ego. Refiriéndose a su tiempo en la cárcel, “he aprendido a luchar contra el ego; es una batalla que todos tenemos”, declaró. Sin embargo, tal aspiración tiene por delante un escenario lleno de tentaciones en tanto su presencia en Guatemala se ha convertido en fuente de deseo para la mayoría de agrupaciones políticas que están confiando sus esperanzas en atraer miles de votos si lo tuvieran de su lado; por el momento, el ex gobernante descartó postularse a cualquier cargo de elección popular. Tendrá, en consecuencia, que caminar con cautela sobre la arena movediza vertida en el contexto electoral.

 

Ante las insistentes preguntas acerca de su futuro inmediato en la actividad política, respondió que va a “convocar a un acuerdo nacional entre todos los sectores; y si no se puede, entonces le diré la verdad a la población: que no se pudo; y me dedicaré a la formación política”, algo que quizás represente para él continuar sus pasos sobre un terreno firme y menos tentador para el ego.

 

A la pregunta de si ¿usted ha perdonado a Alfonso Portillo por los actos cometidos durante su administración?, la mayoría de personas consultadas se pusieron a la defensiva y casi todos respondieron que “no tenían nada que perdonarle”. Por el contrario, hubo quienes dijeron que “¿Perdonarlo de qué? Si con Portillo no hubo incremento a la canasta básica, no subió la luz ni el teléfono, y por si esto fuera poco hubo aumento de salario todos los años en que estuvo de Presidente”.

 

Entre el grupo de periodistas que cubría el acontecimiento en las afueras de la terminal aérea donde Alfonso Portillo compareció, arropado en un fino traje negro, una camisa morada y portando un reloj como el que merece estar en la muñeca de un ex presidente – aconsejaría el ego-, las especulaciones en torno a sus más íntimos y cierto humor arremetían.

Pasadas las 21.00 horas, un conjunto musical interpretó el célebre corrido Soy de Zacapa anunciando que Portillo saldría “a saludar a su pueblo”. En la plataforma de un camión, el Frente Nacional Portillista improvisó una tarima y uno de los dirigentes anunció que hasta allí subiría el ex presidente. Sin embargo, durante breves minutos, el popular ídolo apareció atrás de un portón lateral sobre un elevador que se usa en los hangares. Eso fue todo y los centenares de personas comenzaron a movilizarse y a despejar el área. Unos se fueron a sus hogares, otros, en cambio, se fueron en caravana detrás del vehículo donde la familia Portillo y sus allegados cercanos se trasladó hacia un lugar por el rumbo de San José Pinula.

 

Más temprano en la tarde, un conductor irritado por las inconveniencias del tráfico nos había comentado: “¡Mire este pueblo tan idiota! Vienen a recibir a un ladrón como si fuera el Papa”.

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